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De Los Santos Carmelitas, por P. Rafael María López-Melús
Santa María Magdalena de Pazzis, religiosa Carmelita, decía: “de toda virtud quisiera tener los grados que de la misma el Señor tenga por bien concederme; pero de la inviolable pureza quisiera en cierto modo someter a Dios a mi querer, porque la quisiera tan colmada cuanto se pueda poseer”.
Deseaba “ser adornada de la pureza del ser de Dios, del modo que pueda ser capaz la criatura mortal”.
“¡Oh, Padre! –exclamaba-, quisiera entender un tanto qué es esta Pureza. Tú me dices tantas cosas de ella; pero yo no las entiendo”.
“¡Oh, hija y esposa de mi unigénito Verbo! –le respondió el Padre celestial. Me preguntas algo tan elevado y sublime, que nunca serás capaz de entenderlo por tus cabales. Esta pureza es, en verdad, mi propio ser, que es la Divinidad y es algo tan inmenso que no puede de criatura alguna ser entendido. Este mi ser te lo di cuando te creé a mi imagen y semejanza, en el puro estado de inocencia … ¡Oh!, ¡qué dichoso era, hija mía, qué puro era entonces todo tu ser, antes que fuesen los siglos! Porque era en Mí glorioso y se gozaba y descansaba sólo en la fruición de la esencia de mi Idea. Su pureza era tal que venía a ser como otro Yo por participación y no era entendido de ninguna criatura…, sino sólo de Mí, su Creador”.
“¡Oh, si el hombre –una vez que de hecho empezó a existir- hubiera sabido mantenerse en tanta dignidad!... Pero por su desdicha …; puesto que perdió la inocencia –con el pecado original-, no tuvo otro medio de poder recobrar la pureza, sino lavándose y anegándose en la fuente de la Sangre del Verbo Humanado, mediante el Bautismo y el Sacramento de la Penitencia”.
¡La Sangre del Verbo Humanado! … Ella sola puede restituir a las almas su primitiva pureza; aquella pureza según la cual Dios nos había concebido en su mente antes de que fueran los siglos, pues, “aunque el alma no pueda volver a la pureza que tenía en mi idea … con todo, podrá lograr tal pureza que se una perfectamente Conmigo, su Padre y su Dios”.
Por virtud de la Sangre del Verbo la criatura podrá llegar a tal unión que “ni con un pensamiento, ni con una palabra, ni con una obra, ni con una mirada podrá jamás separarse de Mí”.
Santa María Magdalena se siente consumir del deseo de poseer tan rico tesoro. Mas no lo desea para sí sola: quisiera comunicarlo a todas las criaturas, y exclama: “¡Oh, Eterno Padre, ¡oh!, si yo pudiera tener este tu ser!... Sé que no lo tendría para mí sola, sino que lo daría a tus criaturas”.
Pero más que ella lo deseaba Dios, que para acrecentar sus deseos, le añadió: “Sábete que si se hallase un alma … que pudiera obtener de Mí una mínima partecita de esa pureza … si ella me rogase que perdonare al demonio con tal de que él se quisiera arrepentir y dejar su obstinación, Yo le perdonaría por amor a ella…, ¡tan grata me es! Y me complazco tanto en ver en el alma este ansioso deseo de tener y poseer en sí esta pureza, que si fuera posible, le rogaría que me la pidiese, la desease y se hiciera apta para recibirla en sí; por más que el desearla, el pedirla, el quererla, sea empañarla…”.
“Oh, Eterno Padre, no lo entiendo –vuelve a exclamar la Santa-; por mi parte no sé qué hacer para lograr esta pureza. Tú eres tan grande y yo soy algo tan mínimo, tan pequeño, que vengo a ser nada, la nada…, y con todo, la desearía por complacerte a Ti, que quisieras que la desease, y que el pedirla y desearla es menoscabarla…”. “Pero mira ya sé lo que he de hacer, y no te la pediré. Iré a tu Verbo y le diré que la pida Él para mí, porque tú le amas tanto que nunca se la negarás. Tomaré su Sangre y te la pondré delante de tus ojos y así no veras que te la he pedido yo”.
“Para querer tener esta mi Pureza –contestó el Padre Celestial- es menester no adherirse a ninguna cosa, ni al Cielo, ni a la Tierra, ni a criatura ninguna… ni siquiera a la humanidad de mi Verbo, pues es creada, aunque gloriosa por la unión con la Deidad; sólo debes adherirte a mi Deidad, divina esencia y eterna substancia. Toda otra cosa, todo otro pensamiento, todo otro afecto, apártalo de ti, porque te impedirá lograr la pureza, y pudieras empañarla y depravarla cuando la poseyeras”.
“Oh, Padre Eterno –vuelve a insistir Santa María Magdalena- quisiera saber de qué modo se puede lograr tal pureza”.
“Ya te lo he dicho –se le responde- que es menester no adherirse a cosa ninguna … y que no se puede conseguir sino nada siendo, nada sabiendo y nada, nada queriendo, y soólo yendo en pos de mí intrínseca atracción; aunque nunca, mientras estés en esta mortal vida, la podrás poseer enteramente, sino sólo por pura liberalidad mía”.
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